Este post pretendía hablar exclusivamente de Dublín; pero aunque es una ciudad estupenda, al final es imposible no acabar desviando la atención hacia lo mejor que tiene: su gente. Así que pasamos a explicaros algunos datos curiosos sobre la bella capital, y especialmente sobre la cultura que la rodea.

Lonely Planet ha nombrado Irlanda como el país más acogedor y amable, debido a su “delicioso y oscuro sentido del humor” y la “actitud de bienvenida que se le proporciona a los extranjeros” También mencionan la conocida habilidad de los irlandeses de “encontrar una actitud positiva y diversión en los tiempos buenos y malos“.

Esta gente tan amigable estaba destinada a crear los “pubs”, cuyo origen  es la abreviación de “public house” (casa pública), al tratarse para ellos de un punto de encuentro para todo el mundo.

El famoso “St. Patrick’s Day” es la fiesta nacional que conmemora la muerte de San Patricio, Patrón de Irlanda. En Dublín, el desfile dura nada menos que 5 días y es visto por miles de personas. Corre el mito de que San patricio, aparte de hacer llegar el catolicismo a la isla, también se encargó de hacer desaparecer a todas las serpientes. Pero la ciencia ya se ha encargado de desmentirlo, alegando que la última vez que pudo haber serpientes en Irlanda fue hace millones de años.

Pero los irlandeses no necesitan de esta gran fiesta para beberse sus míticas pintas. De media, en Irlanda se sirven… ¡10 millones de pintas al día!

El origen del nombre de Dublin. Cerca de los jardines del castillo de la ciudad, había un pequeño estanque, muy oscuro, ya que su fondo estaba lleno de lodo. Allí es donde los temibles vikingos, hace 10 siglos, amarraban sus drakkars (barcas). Pasaron a llamar a esta zona “estanque negro”, que en irlandés es “Dubh Linn”.

La divertida historia de las puertas de colores.  Los irlandeses no estaban muy felices de vivir bajo el yugo del Reino de Inglaterra, y se comenta que cuando la reina Victoria enviudó, se ordenó pintar las puertas de las casas de color negro, en señal de luto. Los irlandeses estaban de todo menos tristes, así que decidieron hacer justo lo contrario, pintando las puertas de colores vivos y llamativos. Menudos son.

Debes pagar en el autobús con el importe exacto. De lo contrario, el conductor dublinés nos dará un recibo que deberemos presentar en las oficinas centrales para que nos devuelvan el cambio. A la mayoría de usuarios les da pereza reclamar este importe, por lo que el servicio público acaba llevándose una propina casi siempre.

La historia de Drácula, inspirada en Dublín. El gran escritor Bram Stoker vivió en la ciudad durante la época de la gran hambruna irlandesa, en la que murieron alrededor de un millón y medio de irlandeses, más otro millón y medio que emigró a Estados Unidos, Canadá o Australia. La leyenda dice que los moribundos eran ya llevados a los cementerios, y allí se les clavaba una estaca en el corazón para acabar con su sufrimiento. En uno de estos cementerios es donde solía jugar el bueno de Bram, lo que supuestamente le inspiró como forma de matar a los vampiros.