Cuando uno decide convertirse en un expat, suele ser por dos razones principales:

  1.  Razón objetiva o racional: por la esperanza de encontrar un mejor trabajo, o estar en un país en mejor situación económica y política.
  2. Razón subjetiva o sentimental: no te apetece seguir en tu país porque lo has aborrecido, o porque quieres desconectar de algo negativo, o simplemente quieres aventuras y retos

Aun así, excepto en los casos de urgencia económica u obligatoriedad profesional, cuando uno DECIDE dejar todo lo que le rodea y empezar de cero en otro lugar, es porque tiene algo más en su interior. Tan interior que no se puede englobar en la sentimental. Tan interior que seguramente no se dé cuenta en ese momento, y quizá no lo haga hasta al cabo de unos años. Voy a tratar de explicarme.


Como ya sabemos, todos estamos condicionados por nuestro entorno directo. Desde recién nacidos estamos condicionados por nuestros padres, por su forma de vida, por su ética y valores, por sus costumbres, y por la influencia sentimental que ejercen sobre nosotros. No digo ni que esto sea bueno, ni que sea malo. Pero desde luego, no deja de ser una influencia, así que no somos nosotros al 100%.

Después, creamos un grupo de amigos, muchos de ellos desde que somos pequeños. Y vuelven a influenciarnos con sus hábitos, educación y valores. Los mantenemos muchos años, lo cual es bueno, pero tenemos la tendencia a mostrarnos siempre igual ante ellos incluso aunque hayamos evolucionado como persona. Estamos encasillados, como les ocurre a muchos actores. ¿O acaso no os pasa que no sois exactamente la misma persona con todos vuestros grupos de amigos?

El tercer grupo que pasa a influenciarnos es el laboral. En la mayoría de casos, es el ámbito que menos te influye como persona. Pero te condiciona tu estado de ánimo al verte obligado a convivir con mucha gente, sean de tu agrado o no, día tras día.

Por si todas estas influencias fueran pocas, todavía nos queda por hablar de la sociedad en general. Estamos viviendo en una época donde lo auténtico brilla por su ausencia, donde importa más el parecer que el ser. Nos preocupamos demasiado por aparentar que nuestra vida es interesante y divertida, y hemos encontrado en las redes sociales el mejor aliado para ello. Ahí demostramos nuestro valor de mercado como ser humano para que la gente “nos compre”, así que no escatimamos esfuerzos en convertir algo totalmente cotidiano en algo especial y digno de compartir.

Lo que quiero decir con todo esto, es que hoy en día cuesta mucho ser uno mismo, tener grandes inquietudes, poner en duda las cosas, saber quién eres y qué quieres realmente. Tu entorno y tu inercia en la vida evita que te pares a pensar en todo esto. Y creo que cada vez más gente se da cuenta de ello, aunque sea inconscientemente.

Conozco muchos casos de expats cuyas familias y entorno no entendían por qué esa persona lo dejaba todo atrás para empezar una nueva vida. Y al final, la respuesta es la misma para todos: cuando te vas fuera, tienes una oportunidad de oro de empezar de nuevo.

Por primera vez en tu vida, vas a ser totalmente libre y tener la ocasión de ser tú mismo al 100%, mientras construyes una vida nueva desde sus cimientos. Da igual que tengas los mejores padres del mundo, unos amigos geniales, y que estés triunfando en tu vida. Al final, cada individuo es distinto y necesita encontrarse a sí mismo. ¿Cómo? El hecho de buscar un lugar donde dormir, un trabajo, y sobretodo crear un nuevo entorno de amigos, va a significar un aprendizaje brutal. Y si te vas a un país con una cultura muy distinta a la tuya, el efecto se multiplica.

Y es que cuando te conviertes en un expat y debes construirlo todo por ti mismo, tendrás que dejarte llevar, bajar la guardia, y cuestionarte cosas. No hay espacio para el fingir y el aparentar, es absurdo y desgasta demasiado. Esto te permitirá explorar en lo más profundo de ti, donde aflorarán tus miedos e inseguridades, sintiéndote muy vulnerable. Pero también sacarás lo mejor de ti mismo, y te sentirás muy orgulloso y valiente cuando todo comience a rodar. Por eso, no sólo construyes una vida desde cero, si no que te reconstruyes a ti mismo.

Es por esta razón que cuando vuelves a tu hogar, tienes la extraña sensación de que encajas un poco menos. Ya no eres el mismo, has evolucionado. O sencillamente has salido del cascarón y ahora comienzas a mostrarte como realmente eres.

Al final, podemos tener muchas razones para irnos tan lejos. Pero en el fondo, creo que lo que más ansiamos buscar es algo que está muy, muy cerca.